Las inundaciones que arrasaron Emilia-Romaña en mayo de 2023, precedidas por meses de sequía, han dejado de ser una excepción en el mapa climático europeo. Un nuevo estudio internacional liderado por científicos del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, publicado en Nature Communications, concluye que más del 70 % de las inundaciones registradas en Europa entre 1981 y 2020 no fueron episodios aislados, sino fenómenos compuestos: catástrofes en las que las inundaciones coinciden con sequías, olas de calor, vendavales o frentes fríos, amplificando sus daños.
Más del 70 % de las inundaciones registradas en Europa entre 1981 y 2020 no fueron episodios aislados
El trabajo, realizado junto al Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, la Vrije Universiteit Amsterdam y la Universidad de Lovaina, analiza 1.349 inundaciones a escala subnacional y arroja una conclusión inquietante: las pérdidas económicas asociadas a las riadas con peligros compuestos fueron, de media, 2,8 veces superiores a las de las inundaciones simples. El 1 % de los episodios más costosos del periodo estudiado fue, sin excepción, de naturaleza compuesta, y en conjunto generaron más de 167.000 millones de euros adicionales respecto a lo que habrían supuesto crecidas en solitario.
La tendencia, además, no se atenúa. Entre la década de 1980 y la de 2010, las inundaciones acompañadas por dos o más amenazas adicionales aumentaron un 186 %, frente a un crecimiento del 16 % de las inundaciones aisladas. La complejidad del desastre se está convirtiendo en sí misma en un factor de riesgo.

De la sequía al diluvio
El mapa que dibuja el estudio sitúa al sur, el centro y el área mediterránea de Europa como las zonas con mayor diversidad de peligros compuestos
Los autores identificaron cinco patrones recurrentes: inundaciones precedidas por episodios húmedos prolongados, transiciones abruptas de sequía a crecida, secuencias de olas de calor seguidas de inundaciones, episodios de frío extremo combinados con inundación y vendavales que coinciden con el desbordamiento. Cada combinación tiene su propia firma hidrometeorológica, y todas comparten un denominador común: agravan las consecuencias humanas y materiales del agua.
El mapa que dibuja el estudio sitúa al sur, el centro y el área mediterránea de Europa como las zonas con mayor diversidad de peligros compuestos —con regiones que acumulan entre tres y seis combinaciones distintas—, mientras que las inundaciones acompañadas de vendaval predominan en el conjunto de las áreas mediterráneas y atlánticas. España, con costa en ambos frentes y un clima que oscila entre la sequía prolongada y la lluvia torrencial, queda de lleno en esa franja de mayor complejidad, aunque el estudio no analiza casos nacionales concretos.
Para cuantificar el agravamiento, el equipo recurrió a una combinación de aprendizaje automático supervisado, inteligencia artificial explicable y un método de inferencia causal —un Double Machine Learning Causal Forest— que aísla el efecto específico de la concurrencia de peligros, descontando variables como la magnitud de la crecida o la vulnerabilidad local. Incluso ajustando esos factores, las regiones donde se acumulan distintas amenazas sufren pérdidas sistemáticamente mayores. En territorios ya frágiles —por su exposición demográfica, su tejido económico o el estado de sus infraestructuras— el efecto se intensifica, lo que sugiere que el riesgo físico y el riesgo social se retroalimentan.

Las implicaciones, según los autores, son transversales. Los planes regionales de protección civil deberían incorporar la complejidad de los peligros compuestos para focalizar mejor la preparación. Los sistemas paneuropeos de alerta temprana multirriesgo, en pleno desarrollo, podrían anticipar los episodios más destructivos si integran información sobre la concurrencia de amenazas y no solo sobre la severidad de la inundación. Y la industria aseguradora se enfrenta a un mensaje incómodo: los modelos de pérdidas y las primas que tratan cada amenaza por separado están infravalorando, de forma sistemática, el riesgo real al que están expuestos hogares y empresas europeas.






