Desde la Subdirección General de Regadíos, Caminos Naturales e Infraestructuras Rurales de la Dirección General de Desarrollo Rural, Innovación y Formación Agroalimentaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) se ha anunciado la apertura del plazo de inscripción para la 4ª Edición del Programa de Formación de Formadores en Buenas Prácticas Agrarias en la Agricultura de Regadío, enmarcado en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).
Este programa tiene como objetivo capacitar a personal técnico cualificado para impartir formación a las comunidades de regantes beneficiarias de las obras de modernización de regadíos incluidas en el PRTR, garantizando el cumplimiento de las medidas ambientales y del principio DNSH (Do No Significant Harm) establecido en el Reglamento (UE) 2021/241.
La formación, gratuita y de carácter semipresencial, se celebrará entre los días 27 de octubre y 12 de noviembre de 2025, combinando sesiones teóricas en línea con tres jornadas prácticas de campo obligatorias: el 7 de noviembre en Almudévar (Huesca) y los días 11 y 12 de noviembre en Santomera y Campo de Cartagena (Murcia).
En esta entrevista, Emilio Nicolás y Cristina Romero, investigadores del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC) y coordinadores del curso, explican el alcance de esta iniciativa y el papel que juega la ciencia aplicada en la transición hacia un regadío más eficiente, sostenible y alineado con los retos climáticos y ambientales del futuro.
Pregunta: Su carrera investigadora ha estado siempre vinculada a la gestión eficiente del agua en agricultura. ¿Cómo definiría la visión que guía el trabajo de su grupo en el CEBAS-CSIC?
Respuesta: Nuestro grupo de investigación se ha enfocado desde su creación en el manejo del agua en agro-sistemas mediterráneos, mediante el desarrollo de estrategias de riego de precisión, con la inclusión de la planta como ‘sensor’ de las necesidades hídricas del cultivo, y también mediante la aplicación de prácticas de riego deficitario controlado que permitan ahorrar agua en los ecosistemas de regadío, con el objetivo que debe perseguir cualquier sociedad avanzada comprometida con el medioambiente: compatibilizar la necesidad de producir alimentos con un uso eficiente de los recursos hídricos disponibles. Además, en los últimos años, hemos potenciado la integración ambiental de los sistemas agrarios acercándonos a una gestión de los mismos más eco-sostenible, mediante la mejora de la eficiencia, no sólo en el uso del agua, sino también de los fertilizantes, así como su afección a la calidad agronómica de los suelos.
P.- Uno de sus principales ámbitos de especialización es la fertirrigación. ¿Cuáles son los avances más relevantes que están desarrollando actualmente en este campo y cómo contribuyen a optimizar la producción agrícola sin comprometer los recursos naturales?
R.-Los avances más relevantes tienen que ver con el fertirriego de precisión, en el que destacamos la utilización de nuevos insumos a partir de fertilizantes de eficiencia mejorada que permiten mejorar su efectividad y reducir dosis, aunque la evidencia de campo todavía se está consolidando, y también el uso de bioestimulantes y consorcios microbianos aplicados por riego que mejoran la productividad y calidad de las cosechas obtenidas. Además, uno de los proyectos que estamos liderando versa sobre la aplicación de sensores de ion-selectivos que miden directamente nutrientes en la solución del suelo y en el lixiviado, que permiten la optimización en la aplicación de los fertilizantes aplicados. En la actualidad, estamos utilizando la teledetección para afinar y tomar decisiones clave para mejorar este fertirriego de precisión a partir de la utilización de drones, con dos objetivos claves: por un lado, determinar los lugares representativos apropiados para instalar sensores de humedad y nutrientes en el suelo, y, por otro lado, detectar un estado de déficit hídrico y/o nutricional del cultivo de cara a adoptar medidas correctivas, ajustando en su caso dosis de riego y fertilizantes.
"Nuestro grupo de investigación se ha enfocado desde su creación en el manejo del agua en agro-sistemas mediterráneos"
P.- El uso de aguas regeneradas en regadío es una línea de trabajo prioritaria en su grupo. ¿Qué retos técnicos y agronómicos plantea su aplicación y qué soluciones están investigando para facilitar su adopción por parte del sector agrario?
R.- Los retos técnicos comienzan con el cumplimiento del exigente marco normativo europeo aplicable desde hace más de 2 años (Reglamento UE 2020/741) en el que se incluyen aspectos modificados de clases de calidad, permisos y un Plan de Gestión del Riesgo. Así, a nivel nacional se ha derogado el RD 1620/2007 para aprobar un nuevo RD 1085/2024 que recoge todas las modificaciones recogidas en el citado Reglamento europeo.
Desde el punto de vista agronómico, hay que destacar la variabilidad de la calidad que suelen tener los efluentes de EDAR (nutrientes, salinidad, relación de absorción de sodio –SAR-, cloruros, boro y carga orgánica). Esto puedecomprometer los emisores en riego por goteo asociado a sólidos en suspensión, biopelícula y precipitados (carbonatos/ hierro), siendo uno de los problemas principales en el riego por goteo con agua regenerada. Cuando esta agua es muy salina, algo usual en las zonas costeras como el sureste de España, debemos tener en cuenta también las posibles afecciones al suelo (salinización, sodificación, etc.). Para contrarrestar este efecto, es necesario realizar una gestión adecuada de la salinidad que conlleva este tipo de agua, combinando lavados controlados, aplicaciones químicas para reducir el alto nivel del SAR, también es conveniente realizar mezclas con otras fuentes de agua de mejor calidad (blending) para reducir picos excesivamente altos de conductividad eléctrica –CE- y/o Boro, e incluso, a veces, desalar selectivamente, pero principalmente, debe ajustarse el manejo parcela a parcela.
Asimismo, hay que destacar aspectos fundamentales a nivel nutricional, como ajustar las dosis aportadas de N-P-K mediante la fertilización (fertirriego habitualmente en el caso de riego por goteo) teniendo en cuenta las concentraciones que contiene el agua regenerada de dichos elementos,
Al final, la utilización de estas aguas regeneradas exige un seguimiento continuo de las componentes suelo-planta-agua, que debe combinar el seguimiento de la CE y boro en suelo, análisis foliares, utilización de sensores del estado hídrico y nutricional del suelo, así como sistemas de apoyo a la toma de decisión para decidir casi a tiempo real la aplicación del riego y la fertilización de los cultivos.
En el plano de la salud humana, hay otro tema que está muy de moda: los contaminantes de preocupación emergente (farmacéuticos, PFAS, etc.), con presencia baja pero persistente, lo cual es necesario a nuestro juicio priorizar qué compuestos vigilar y sus tratamientos de eliminación. Y, por último, destacar la importancia de mitigar el riesgo sanitario (E. coli, virus) y las resistencias a antibióticos que requieren planes de gestión del riesgo y barreras múltiples desde la EDAR hasta la parcela.
En cuanto a las soluciones que se están investigando para facilitar su adopción por parte del sector agrario, pasan desde el punto de vista del tratamiento y control (en planta y red) a la instalación de multibarrera según riesgo, a partir de la secuencia: MBR/UF + desinfección (UV, cloro) y polishing con carbón activo/oxidación avanzada (p. ej., foto-Fenton solar en pilotos de Almería) para eliminar los contaminantes de preocupación emergente. En este sentido, recientemente hemos recibido una estudiante de Francia para realizar su trabajo fin de grado en esta temática con resultados muy esclarecedores.
P.- Su equipo coordina actualmente el proyecto FERTECO-MAR MENOR. ¿Cuáles son los objetivos de esta iniciativa y qué aportaciones puede hacer al conocimiento sobre sostenibilidad en entornos agrícolas sensibles como el del Mar Menor?
R.- El objetivo principal del proyecto FERTECO es el de desarrollar protocolos de fertirrigación y tratamientos de agua que permitan reducir el aporte de abonos nitrogenados y la huella hídrica en parcelas (en un total de casi 500 hectáreas) de los cultivos hortícolas y leñosos más representativos y extendidos en la Cuenca Vertiente del Mar Menor. En concreto, se están ensayando tratamientos de fertilización con biofertilizantes naturales de origen vegetal a partir de subproductos vegetales no comercializados, derivados lácteos procedentes del excedente de la industria quesera y bioestimulantes y biofertilizantes con alto contenido en materia orgánica y microorganismos potenciadores de la absorción de nutrientes. De este modo, se pretende lograr mejorar la eficiencia en el uso del agua y del nitrógeno, la calidad del suelo y la biodiversidad utilizando nuevos tratamientos de fertirriego ecosostenibles de tal manera que se asegure la sostenibilidad ambiental de los regadíos en una de las numerosas zonas que hay declaradas en España como vulnerables a la contaminación difusa por nitratos de origen agrario (ZVN). Además, se va a garantizar, al mismo tiempo, la transferencia tanto a los usuarios finales (técnicos agrícolas, agricultores, etc.) como a los responsables políticos/administrativos mediante actuaciones directas en parcela, acciones de difusión y asesoramiento y el establecimiento de estrategias generales y específicas en el manejo de los citados cultivos. Esta es la página web del proyecto.
"El objetivo principal del proyecto FERTECO es el de desarrollar protocolos de fertirrigación y tratamientos de agua que permitan reducir el aporte de abonos nitrogenados y la huella hídrica en parcelas"
P.- Desde su experiencia, ¿qué entiende por “buenas prácticas agrarias en regadío”? ¿Qué elementos considera imprescindibles para que estas prácticas sean efectivas, medibles y transferibles?
R.- Las buenas prácticas agrarias en regadío (BPAR) son directrices técnicas y de manejo que orientan al regante para aplicar el agua necesaria, en el momento oportuno y con la técnica adecuada, integrando el riego con la fertilización (fertirrigación) y otras labores agronómicas, previniendo la contaminación y degradación de suelos y aguas y asegurando la salud de cultivos, personas y ecosistemas y, por último, facilitando la trazabilidad y el cumplimiento de normativas vigentes (PAC, Directiva Marco del Agua, Directiva de Nitratos, Reglamento UE 2020/741 de reutilización de aguas, etc.).
Las BPAR en regadío no son solo “recomendaciones”, sino un sistema de gestión integral que combina tecnología, agronomía y registros verificables, cuya eficacia depende de tres aspectos fundamentales: la base técnica sólida y adaptada al cultivo/zona; los indicadores medibles (agua, nutrientes, energía, impactos) y, por último, la capacidad de transferencia a través de formación, guías y herramientas digitales.
P.- ¿Qué papel cree que debe jugar la ciencia aplicada en la transición hacia un modelo de regadío más sostenible, eficiente y resiliente ante el cambio climático?
R.- La ciencia aplicada tiene, sin lugar a dudas, un papel central en la transición hacia un regadío más sostenible y resiliente. Su función no es solo generar conocimiento, sino transformarlo en soluciones prácticas, verificables y adoptables por agricultores, comunidades de regantes y administraciones. En este sentido, la ciencia aplicada debe ser el puente entre el laboratorio y el campo: producir innovación útil, acompañar al agricultor en su adopción, y servir de base técnica sólida para la toma de decisiones políticas y de gestión del agua.
"Las buenas prácticas agrarias en regadío (BPAR) son directrices técnicas y de manejo que orientan al regante para aplicar el agua necesaria, en el momento oportuno y con la técnica adecuada"
P.- En el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), ha participado como coordinador docente en el programa de Formación de Formadores en Buenas Prácticas Agrarias en Regadío. ¿Cuál ha sido su papel y el del CEBAS-CSIC en esta iniciativa?
R.- Es necesario subrayar nuestro papel previo como coordinadores y elaboradores de las cinco directrices científico-técnicas del CSIC que son de aplicación en los proyectos de modernización del regadío del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), según las características y tipología de los mismos, y que tienen como objetivo facilitar la implementación de mejoras ambientales en dichos proyectos.
A finales de 2021, la Agencia Estatal CSIC, a través del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS) entregó a la Dirección General de Desarrollo Rural, Innovación y Formación Agroalimentaria (DGDRIFA) del MAPA la número 1 “Directrices científico-técnicas para establecimiento de sistemas de monitorización por sensores del contenido de humedad del suelo” y en marzo de 2022 entregó la número 2 “Directrices científico-técnicas para el establecimiento de sistemas de monitorización automática para el control y seguimiento de la calidad del agua y de los retornos de riego”, la número 3 “Directrices científico-técnicas de diseño, gestión y mantenimiento de medidas para mitigar daños a la fauna en las balsas de riego e infraestructuras asociadas”, la número 4 “Directrices científico-técnicas para la ejecución y mantenimiento de estructuras vegetales de conservación” y la número 5 “Programa de divulgación y formación en buenas prácticas agrarias”, las cuales están publicadas en la web del MAPA.
Estas directrices respetan el principio de «no causar un perjuicio significativo al medio ambiente» (principio do no significant harm-DNSH) y su normativa de aplicación, establecida en el Reglamento (UE) 2021/241 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 12 de febrero de 2021, por el que se establece el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia; el Reglamento (UE) 2020/852, relativo al establecimiento de un marco para facilitar las inversiones sostenibles (Reglamento de Taxonomía), y desarrollado en la Guía Técnica de la Comisión Europea (2021/C 58/01) sobre la aplicación de este principio.
De entre todas ellas, la Directriz 5 relativa al programa de divulgación y formación en buenas prácticas agrarias, que precisamente es de observancia obligatoria en todos los proyectos de modernización, es la que nos ocupa en esta pregunta.
Esta directriz dio lugar a la elaboración y ejecución de un programa de formación de formadores sobre las citadas directrices científico-técnicas en aplicación del principio «DNSH», en el marco del Plan para la mejora de la eficiencia y la sostenibilidad en regadíos, cuyo objetivo es formar a los formadores que imparten esta materia en las comunidades de regantes beneficiarias de los proyectos de modernización.
P.- Uno de los retos del PRTR es asegurar que la inversión en infraestructuras de riego vaya acompañada de un cambio real en la gestión. ¿Qué rol juegan los técnicos formados en este curso para que esa transformación sea efectiva sobre el terreno?
R.- Este programa está pensado para técnicos con formación en Agronomía/Biología/Ciencias Ambientales/Química/Hidrogeólogos/Medio Natural/Montes y experiencia en el sector agrícola, así como para profesionales que trabajan de manera independiente o en empresas relacionadas con la modernización de regadíos. Su papel será clave: formar a los agricultores que usarán las nuevas infraestructuras. Con la estrategia de “formar a los formadores”, se consigue que el conocimiento sobre el uso eficiente del agua, la sostenibilidad y las buenas prácticas agrícolas llegue de forma clara y uniforme a todas las comunidades de regantes que se beneficien de las inversiones del PRTR.
La modernización del regadío es fundamental para garantizar el futuro de la agricultura en España, especialmente en un escenario marcado por el cambio climático y la escasez de agua. Iniciativas como este Programa de Formación de Formadores en Buenas Prácticas Agrarias son una apuesta del MAPA para impulsar una nueva forma de entender el regadío: más eficiente, innovadora y respetuosa con el medio ambiente.
“Con la estrategia de ‘formar a los formadores’, se consigue que el conocimiento llegue de forma clara y uniforme a todas las comunidades de regantes que se beneficien de las inversiones del PRTR”
Por todo ello, la capacitación de los técnicos que después transmitirán estos conocimientos a los agricultores y técnicos de campo, amplifica el efecto de las inversiones realizadas en el marco del PRTR. De esta manera, las nuevas infraestructuras se gestionan de manera más responsable y sostenible. Con este esfuerzo colectivo, el sector agrario español refuerza su compromiso con la transición ecológica y contribuye a un futuro más fuerte y resiliente para las zonas de regadío del país.
P.- El curso incluye contenidos técnicos como control de retornos, sensores, eficiencia energética o sostenibilidad ecológica. ¿Qué criterios han seguido para definir estos módulos y qué tecnologías cree que marcarán el futuro del regadío?
R.- El programa de divulgación y formación en buenas prácticas agrarias dirigido a formadores está basado, por un lado, en un curso general de 20 h de contenidos comunes sobre prácticas de conservación de suelos, fertirrigación, eficiencia en el uso del agua y la energía, mitigación y adaptación al cambio climático y, por otro lado, cinco cursos específicos que desarrollan aspectos concretos de las primeras 4 directrices referentes al manejo de sensores de humedad del suelo, al control de la calidad del agua de riego, la gestión de retornos de riego superficiales y sub-superficiales y a las medidas de sostenibilidad ecológica en paisajes agrarios.
Para ello, investigadores de distintos centros del CSIC, bajo la coordinación del CEBAS, han elaborado un temario que garantiza una formación actualizada, basado en el mejor conocimiento científico-técnico y adaptado a los retos reales de la agricultura de regadío actual, siguiendo siempre el criterio fijado por el parlamento europeo de respetar el principio del DNSH.
El futuro del regadío en España pasará por ser más digital, más eficiente y más sostenible, combinando innovación tecnológica con un uso responsable del agua y la energía, entre ellas destacar el riego de precisión y sensorización, la digitalización y la agricultura 4.0, el uso de energías renovables, la utilización de recursos hídricos no convencionales (aguas regeneradas y desalinizadas, principalmente) y por último la biotecnología (mejora genética, productos bioestimulantes e hidrogeles y polímeros que actúan sobre la retención de agua).
P.- Para cerrar, ¿cuál es su mensaje para los profesionales del sector agrario que hoy tienen la responsabilidad de impulsar una agricultura productiva, pero también alineada con los límites ecológicos del territorio?
R.- Un mensaje eficaz para los profesionales del sector agrario debería ser inspirador, claro y práctico: que no enfrenten la productividad y la sostenibilidad como fuerzas opuestas, sino como dos caras de la misma estrategia de futuro. Hoy nuestra responsabilidad es doble: producir alimentos de calidad para una sociedad cada vez más exigente, y hacerlo respetando los límites de agua, suelo y energía que nos marca el territorio. No se trata de elegir entre productividad o sostenibilidad; se trata de entender que, sin suelos fértiles, sin acuíferos limpios y sin ecosistemas sanos, no habrá agricultura posible. Tenemos la tecnología y el conocimiento: riego inteligente, fertirrigación precisa, energías renovables y cultivos más resistentes. Cada decisión que tomamos en cada una de nuestras fincas cuenta, porque la suma de nuestras buenas prácticas asegura que el regadío siga siendo motor de riqueza y vida en nuestros territorios.






