La gestión del agua en España atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia reciente. Ha dejado de ser un reto técnico para convertirse en un desafío estratégico de primer orden, especialmente en lo que respecta a los servicios de abastecimiento y saneamiento. El contexto ha cambiado de forma profunda y obliga a revisar el modelo sobre el que se ha construido la gestión del ciclo urbano del agua. La presión creciente sobre los recursos hídricos, el envejecimiento de las infraestructuras —con redes de abastecimiento y alcantarillado que en muchos casos superan los 30 y 40 años de antigüedad— y un escenario climático cada vez más exigente plantean retos que requieren una visión renovada, integral y de largo plazo.
España se encuentra entre los países con mayor estrés hídrico de Europa y, sin embargo, mantiene unas tarifas del agua de las más bajas de su entorno. Esta paradoja arrastra desde hace años un desequilibrio estructural que condiciona directamente la gestión de los servicios. Mientras las exigencias normativas, ambientales y operativas no han dejado de crecer, la inversión en infraestructuras hidráulicas ha seguido el camino contrario. El sistema funciona, pero lo hace cada vez con menos margen, una realidad que analizamos en nuestro primer Estudio Facsa, presentado a principios de 2024, centrado en el modelo de gestión del agua en España.
España se encuentra entre los países con mayor estrés hídrico de Europa y, sin embargo, mantiene unas tarifas del agua de las más bajas
Ante este escenario, optimizar la gestión de los servicios de abastecimiento y saneamiento se convierte en una prioridad. La innovación y la digitalización son hoy herramientas clave para avanzar en esa optimización. Disponer de información fiable en tiempo real, apoyarse en modelos de simulación y utilizar el análisis avanzado de datos permite reducir pérdidas, priorizar inversiones, mejorar la eficiencia operativa y reforzar la continuidad del servicio. La tecnología no es un fin en sí mismo, sino un medio para gestionar mejor unas infraestructuras críticas y un recurso cada vez más limitado.
Ahora bien, la mejora de la gestión no puede apoyarse únicamente en soluciones tecnológicas. Es imprescindible abordar decisiones estructurales en materia de gobernanza y financiación. La Directiva Marco del Agua establece el principio de recuperación de costes como base para la sostenibilidad del sistema, un principio que en España sigue sin aplicarse de forma efectiva. Revisar el modelo tarifario, con criterios homogéneos y con las necesarias garantías sociales, es una condición indispensable para asegurar la viabilidad futura de los servicios de abastecimiento y saneamiento y poder acometer las inversiones que el sistema necesita.
A ello se suma un modelo de gestión marcado por la fragmentación y la heterogeneidad, que dificulta la planificación a largo plazo y la ejecución de inversiones estratégicas. Avanzar hacia marcos más coordinados, que faciliten la cooperación entre administraciones y operadores y refuercen la transparencia, permitiría mejorar la eficiencia y la capacidad de respuesta de los servicios en un contexto cada vez más complejo.
En esta mejora de la gestión, la economía circular del agua debe entenderse como una palanca más para optimizar los servicios y reforzar su resiliencia. Avanzar en la reutilización del agua, en la valorización de subproductos o en la integración del binomio agua-energía permite reducir la presión sobre el recurso, mejorar la eficiencia del sistema y dotar a los servicios de mayor capacidad de adaptación ante escenarios de escasez. Son líneas de trabajo que ya forman parte de la gestión del agua y que deben consolidarse en los próximos años para garantizar servicios sostenibles y preparados para el escenario actual y futuro.
En Facsa llevamos más de 150 años acompañando la evolución de los servicios de agua en contextos muy distintos. Esa experiencia nos permite afirmar que los retos actuales del abastecimiento y el saneamiento solo pueden abordarse con una mirada a largo plazo, basada en la eficiencia, la planificación, la innovación y la colaboración. Garantizar los servicios del futuro exige tomar decisiones hoy y adaptar el modelo de gestión del agua a un contexto cada vez más exigente.
