Este número tiene nombre propio: Marta Farrés. La alcaldesa de Sabadell defiende en estas páginas un modelo de gestión del agua basado en planificación, inversión y ejecución sostenida en el tiempo, apoyado en la colaboración público-privada con Veolia. Su planteamiento no es teórico: responde a una realidad en la que la resiliencia hídrica se construye desde lo local, con decisiones concretas y resultados medibles.
Ese enfoque contrasta con una realidad que el sector conoce perfectamente y que, sin embargo, sigue sin corregirse. España necesita invertir decenas de miles de millones de euros en infraestructuras del agua en la próxima década, mientras la inversión real continúa muy por debajo de ese nivel. No es un problema de diagnóstico. Es un problema de decisión en un contexto cada vez más exigente, con mayor presión climática, nuevas obligaciones regulatorias y un sistema que opera con un margen cada vez más estrecho.
En este escenario, la dimensión institucional resulta determinante. Como señala en su entrevista la conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático de la Xunta de Galicia, Ángeles Vázquez, «el agua es barata, pero esto no puede continuar así». Su reflexión no se limita a la cuestión tarifaria. Apunta a la necesidad de simplificar la gestión, reforzar la capacidad de actuación y adaptar el modelo a un territorio cada vez más exigente. La gobernanza, en este sentido, se convierte en un elemento central del debate.
Desde la perspectiva financiera, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) introduce otro matiz relevante: no se trata únicamente de disponer de recursos, sino de estructurar proyectos que sean viables y capaces de movilizar inversión a largo plazo. En la misma línea, operadores como ATL abordan en estas páginas el equilibrio entre inversión, tarifa y sostenibilidad del servicio, en un contexto donde las decisiones ya no pueden posponerse indefinidamente.
Las opiniones que recoge este número refuerzan esta idea. Pedro Barreiro (CABB) y José Claramonte (FACSA) coinciden en señalar que el actual modelo de financiación y gestión condiciona de forma directa la capacidad de invertir. Sin una revisión de estos elementos, el sistema difícilmente podrá responder a los retos que tiene por delante.
El caso de Sabadell adquiere así un valor especial. No porque sea extrapolable en su totalidad, sino porque demuestra que es posible avanzar cuando existe una estrategia clara y una voluntad decidida de aplicarla. Frente a un problema ampliamente diagnosticado, la diferencia está en la respuesta.
La inversión en agua no es una cuestión nueva. Lo que empieza a ser evidente es el coste de seguir posponiéndola. En un contexto de mayores exigencias y menor margen de error, cada decisión que no se toma hoy encarece la solución de mañana.
