La iniciativa se articula a través del proyecto europeo BMRex, coordinado por Jonas Gurauskis, investigador ARAID del CSIC en el INMA, y en el que el científico Scott Mitchell —también del CSIC en el INMA— juega un papel clave en el diseño de las membranas. El consorcio agrupa a equipos de España, Alemania, Portugal, Dinamarca y Reino Unido, y cuenta con una subvención Pathfinder Open del Consejo Europeo de Innovación (EIC) de algo más de 3,2 millones de euros, complementada con 267.683 libras de la agencia británica de financiación de la innovación (UKRI).
El problema de fondo: partículas que se comportan como humo
Los microplásticos y nanoplásticos no se pueden eliminar con los sistemas de filtración convencionales porque, por su tamaño y comportamiento coloidal, se dispersan en el agua de forma similar al humo en el aire. Esta característica los hace especialmente problemáticos para las instalaciones de depuración, que no han sido diseñadas para retenerlos. El resultado es que una fracción significativa de estas partículas acaba atravesando los procesos de tratamiento y llegando a los ecosistemas acuáticos, y de ahí a la cadena alimentaria.
La propuesta técnica: captura y degradación en un solo paso
BMRex trabaja en reactores de membrana biocatalíticos diseñados para integrarse dentro de las propias plantas de tratamiento. Estos reactores retienen los microplásticos y los degradan en un único proceso, sin necesidad de etapas adicionales. Para su fabricación se utilizan materiales cerámicos, que aportan durabilidad y estabilidad sin introducir nuevos plásticos al sistema, algo que sería incoherente con el objetivo ambiental del proyecto.
Un aspecto que el equipo subraya es que la degradación no se limita a hacer desaparecer el plástico: el consorcio dedica parte del trabajo a verificar que los compuestos resultantes del proceso no sean persistentes ni tóxicos para los ecosistemas. Cerrar el ciclo sin generar nuevos contaminantes es una condición que el proyecto se autoimpone.
Del trabajo desarrollado hasta ahora han surgido dos patentes en proceso de desarrollo.
Un obstáculo metodológico que el sector conoce bien
Al arrancar el proyecto hace tres años, el consorcio se encontró con un problema previo al propio reto técnico: la falta de protocolos fiables para medir microplásticos. La incertidumbre en la cuantificación de estos contaminantes no es nueva para quienes trabajan en calidad del agua —ha dado lugar a publicaciones en revistas como Nature que cuestionan si las cifras de contaminación están sesgadas—, y el equipo de BMRex optó por desarrollar sus propios procedimientos de toma y tratamiento de muestras antes de avanzar en el diseño de los reactores. Esta decisión refuerza la solidez metodológica de los resultados.




