Opinión
Jorge Rodriguez Chueca
La opinión deJorge Rodriguez ChuecaProfesor Titular I3 de Universidad en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad PolitécniBlogs · Reutilización

Reutilizar el agua donde se genera: la estrategia que puede aliviar el estrés hídrico


Sabemos que el agua es imprescindible para la vida, pero seguimos sin valorarla como un recurso limitado. Actualmente, 4 000 millones de personas sufren estrés hídrico al menos un mes al año debido a la escasa disponibilidad frente a la demanda. Y el problema irá a peor: en las próximas décadas aumentará el consumo de agua, especialmente por el crecimiento de la población mundial, intensificando la presión sobre los recursos hídricos.

España es uno de los países europeos con mayor estrés hídrico, especialmente en las regiones más secas y en torno a las grandes áreas urbanas. Se estima que en 2030 el 65 % de la población española podría encontrarse en esta situación si se cumplen los escenarios climáticos previstos. Aunque actualmente atravesamos un periodo excepcionalmente húmedo, España sufre sequías recurrentes que son cada vez más frecuentes y severas como consecuencia del cambio climático.

Esta realidad no es nueva. Precisamente por la irregularidad de las precipitaciones, España ha sido históricamente una referencia mundial en la gestión de recursos hídricos. Fue uno de los primeros países en Europa en desarrollar planes hidrológicos basados en la gestión por cuencas hidrográficas. La construcción de embalses, canales y sistemas de riego permitió mejorar la seguridad hídrica y favorecer el desarrollo económico. Estos modelos fueron posteriormente adoptados por otros países europeos y latinoamericanos.

Hoy en día, los planes hidrológicos siguen siendo esenciales para garantizar el suministro y proteger la calidad de las masas de agua. Sin embargo, el incremento de la demanda asociado al crecimiento de la población, España se acerca a los 50 millones de habitantes, y un régimen de precipitaciones cada vez más impredecible obligan a replantear nuevas estrategias. Está claro que con las soluciones actuales no es suficiente. Aquí es donde la reutilización de aguas residuales cobra protagonismo.

España es líder en Europa en regeneración y reutilización de aguas residuales. Sin embargo, este proceso se realiza a gran escala: las aguas residuales se recogen, se transportan a grandes depuradoras y, tras su tratamiento, se vuelven a distribuir hasta el punto de uso. Pero ¿y si aprovechásemos el agua en el mismo lugar donde se genera, antes de mezclarla con otras aguas más contaminantes?

Muchas de las aguas que generamos en nuestras viviendas no están especialmente contaminadas. El agua procedente de duchas, lavabos, lavadoras o incluso la lluvia que cae sobre nuestros edificios tiene una carga limitada de materia orgánica, sólidos y microorganismos. Con tratamientos relativamente sencillos, podría alcanzar la calidad necesaria para usos que no requieren agua potable, como la descarga de inodoros, el riego o la limpieza.

Sin embargo, actualmente estas aguas se mezclan con otras mucho más contaminadas, lo que complica y encarece su tratamiento posterior.

Reutilizar el agua donde se genera

Aquí es donde entran los sistemas descentralizados de reutilización. Estos sistemas permiten recoger, tratar y reutilizar el agua en el propio edificio o conjunto de viviendas. De este modo, se reduce el volumen de agua que debe tratarse en las grandes depuradoras, se disminuye el impacto ambiental asociado al tratamiento y, sobre todo, se genera un recurso de “kilómetro cero” disponible en el mismo punto donde se necesita. La pregunta es dónde y cómo incorporarlos.

Aunque técnicamente pueden instalarse en casi cualquier edificio, resulta mucho más sencillo integrarlos en viviendas o comunidades de nueva construcción. Desde el diseño inicial se pueden separar las redes de recogida de aguas grises (duchas, lavabos, lavadoras y lluvia) de las aguas procedentes de inodoros, que presentan mayores dificultades de tratamiento. También se pueden prever espacios para pequeñas salas de tratamiento y redes internas de distribución para los usos secundarios.

A escala urbana, el urbanismo también puede jugar un papel clave. Nuevos barrios pueden integrar sistemas basados en la naturaleza, como humedales artificiales o biofiltros vegetados, que, además de tratar el agua, generen espacios verdes, zonas de recreo y focos de biodiversidad.

En cuanto a los tratamientos, estos sistemas emplean procesos similares a los de las estaciones depuradoras, pero a menor escala y adaptados al tipo de agua que reciben. Suelen combinar un pretratamiento para retirar sólidos, un tratamiento biológico para eliminar materia orgánica y una etapa final de filtración y desinfección.

Tecnologías como biorreactores de membrana, filtros biológicos compactos o desinfección mediante luz ultravioleta permiten obtener agua adecuada para usos no potables dentro del propio edificio.

Además, pueden incorporarse soluciones basadas en la naturaleza. Humedales artificiales, biofiltros vegetados o sustratos naturales aprovechan procesos biológicos similares a los de los ecosistemas acuáticos para depurar el agua de forma eficaz. Estas soluciones requieren menos energía, se integran en patios o cubiertas y aportan beneficios adicionales como la mejora del microclima urbano y el aumento de la biodiversidad.

RESET y el futuro de la reutilización urbana

La Universidad Politécnica de Madrid lidera el proyecto de investigación RESET (Valorisation of non-conventional water resources in urban and peri-urban context), financiado por la convocatoria transnacional Water4All. El proyecto RESET se centra en la recuperación de agua, energía y nutrientes a partir de aguas residuales municipales y domésticas (aguas grises y negras) en contextos tanto europeos como brasileños. Entre sus aplicaciones se incluyen la reutilización de agua regenerada para cisternas, lavado de coches y riego, así como la producción de biogás y biomasa de algas para mejorar la eficiencia energética. Además, se obtendrán fertilizantes como la estruvita y biomasa algal para uso agrícola.

Al evaluar el potencial de escalabilidad de estas tecnologías en entornos urbanos y periurbanos, RESET apuesta por enfoques inter y transdisciplinarios y por prácticas de ciencia abierta. El proyecto también elaborará recomendaciones de política pública alineadas con el Pacto Verde Europeo y la Directiva Marco del Agua, contribuyendo a reducir la extracción de recursos naturales y a reforzar la seguridad hídrica.

El reto pendiente: de la escala centralizada a la descentralizada

A pesar de que España lidera la reutilización a gran escala, todavía está lejos de la experiencia de lugares como Australia o California en sistemas descentralizados. Sin embargo, cada vez más proyectos de construcción y urbanismo muestran interés por estas soluciones.

Su implantación generalizada probablemente no llegará hasta que exista una obligación normativa similar a la que en su día impulsó la incorporación de energías renovables en los edificios de nueva construcción.

La adopción de estos sistemas permite aumentar la seguridad de suministro en zonas con elevado estrés hídrico. También reduce el consumo energético asociado al tratamiento de grandes volúmenes de agua en depuradoras centralizadas y disminuye la presión sobre unas redes de saneamiento que, en muchos casos, presentan pérdidas importantes por falta de mantenimiento y renovación.

Frente a un escenario de sequías más frecuentes y recursos cada vez más limitados, quizá debamos replantearnos no solo de dónde obtenemos el agua, sino cómo la usamos y, sobre todo, cómo la desaprovechamos.

La reutilización descentralizada no sustituye a las grandes infraestructuras hidráulicas, pero sí puede complementarlas aprovechando un recurso que generamos cada día y que hoy se pierde sin apenas valor.

Mientras seguimos buscando agua cada vez más lejos, tal vez parte de la solución esté mucho más cerca de lo que imaginamos: dentro de nuestros propios edificios.